miércoles, agosto 15, 2007

Carta abierta a mi pastel de la vida

Patito:

  • no sabés, realmente, cuánto me afecta no estar (tantas veces, tan seguido) a la altura de lo que vos esperás de mí. A tu altura. Tu altura imposible, hacia el centro de la cosa.
  • no sabés, cuando estás dormida y yo no, el tiempo que me quedo en silencio, mirándote desde la puerta. Tu sueño es más serio, más creíble que el mío. Mis horarios para dormir son un loco tan grande que, si no me despierto antes de las cinco y media de la mañana (para eso, tengo que haberme acostado entre las cinco de la tarde y las nueve y media de la noche), quiere decir que "las dos de la tarde" es todavía la madrugada. Normalmente vivo de este modo. Las dos de la tarde es todavía muy temprano. Madrugada de verdad. Mis actos desayunescos (UNESCO podría escribirse con Z, a ver qué pasa) son casi un sonambulismo. No estoy realmente despierto hasta que me doy cuenta de que es la hora de dormir, bien entrada la equis (que también es una palabra para "caballo", en latín, Equus -i; uno de sus casos -ex equis pugnare, luchar a caballo-, que todavía no estudio, por estar apenas empezando, pero ya reconociendo las fantasías, como verás). Yo casi no duermo. Descanso. Los brazos, sobre todo, que los tengo para atrás. Tengo miedo de que se partan, así, al natu. Pero estoy más activo en sueños que en la vigilia. El otro día le salvé la vida a Dámaso, con un barco, en medio de una catástrofe aérea. Un loco de los sueños, que mezclan agua, cielo, fuego y tierra. Y el pendejo estaba a mil. Ni se daba cuenta del estallido y la nafta hirviendo en el puerto. Un puerto demencial... cancha de hockey, a la vez. Tu sueño es más soñado; te da la razón, si antes de acostarte discutimos, o simplemente no nos dimos un beso. No tengo palabras para despertarte. Me quedo callado; sólo queda tu respiración y el balanceo de los chichos, que respiran al lado tuyo. Se duermen. Te siguen hasta donde pueden. La Chili llora cuando te vas, cada día. Y si no llegás a las 19hs, lo mismo. Llora posta, y Chichín la mira. Chichí, pobre, no llora, porque cree ingenuamente que "los chichos no lloran".
  • Y si te despertás sin declaraciones de amor, es porque estás enojada, odiada conmigo. Y si de repente sonreís, es porque sos una genia, y sacás alegría de la galera que dice "tristeza". Invertís los papeles. Te gusta traspapelar, mezclar información. Dejás que las cosas se superpongan, porque confiás en pasado mañana. Yo también. Incluso en ayer, hoy y mañana.
  • Perdoname por ser Mr. Bean. Te juro que trato de hacerte otra fantasía. A veces rompo todo por miedo a romper algo. Miedo no a las consecuencias, sino al ruido. No quiero hacer ruido, esa es mi orquesta amateur, el silencio mal llevado.
  • Te prometo mucho más de lo que nos prometimos. Y si te enojás conmigo... No sé, patito. Qué puedo decir, si siempre tenés razón. Si yo tuviera verdaderamente razón, el mundo sería un loco; no habría bondis, siquiera.
  • Te juro que quiero ser mejor que esto.
  • Y quiero estar al lado tuyo para siempre, 7e7é. Hasta el fin del mundo.

2 comentarios:

tete dijo...

se nos va la vida en locos, paste. y ya van 7x7. La posible Arlt aggiornado que tendrìa que llamarse asì: Los 49 locos. Relatos de pasteles. Te adoro amor, aunque pierda los estribos

Ev dijo...

Yo diría (ya que la carta es abierta) que quizás está bueno dejar de estar enamorado de dámaso. A ver: dejar de estar enamorado del personaje que se levanta a las 5 de la tarde. Porque uno construye los personajes con mucho amor, trabajando con ahínco en sus perfos. Se queja "soy un desastre" pero bien que le gusta. Cómo me gusta hacer el loco y contarlo. Pero en un punto podés enamorarte de otra cosa. Ccomo TT, que es más papista que el x, pero de hoy para mañana te saca otra religión nueva de la galera de la sorpresa, y todo vuelve a empezar. Hay algunas religiones mejores que otras (¿viste todo lo que logró ella en un año?). Yo creo que podés desenamorarte del adolescente trash , enamorarte de otro (por ejemplo del que se gana la beca) y adorarlo con la violenta fe de los conversos.